La prohibición de pedir el voto durante la “jornada de reflexión” y el día de las elecciones está regulada en el artículo 51.3 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.

Esta limitación no existe en muchos países de más larga tradición democrática que la nuestra, donde entienden que el sufrido votante, que lleva semanas (cuando no meses) soportando el bombardeo constante de mensajes electorales podrá aguantar un día más y que si algún partido es capaz de convencerle por decantarse  un segundo antes de emitir su voto, ya que se sobrentiende que el votantes es un tipo maduro y con una opinión formada.

En esa línea, si el día antes de las elecciones o el mismo día ocurre algo de especial importancia para la vida política del país ¿cómo se puede pretender que los actores políticos no se pronuncien al respecto? Además, en los últimos años la política se vive al segundo y en tiempo real, con la presencia de redes sociales y exposición en los medios, ¿alguien cree que ver a nuestros candidatos recogiendo la caquita del perro el sábado no forma parte de la campaña?

¿No sería mejor, pues, suprimir esa jornada de reflexión y a cambio exigir a los actores electorales que nos dieran todas las jornadas argumentos para reflexionar?

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